lunes, 2 de julio de 2012

Aire a-condicionado

Una de las cosas que más sorprenden a los pasajeros que utilizan las líneas ferroviarias de media distancia que surcan el territorio gallego es el mal funcionamiento del aire acondicionado. Si bien entiendo que se trata de un elemento cuya utilización es difícil ponga de acuerdo a todo el mundo, también entiendo que lo que nos ofrece la empresa operadora de los ferrocarriles españoles dista mucho de reunir los requisitos mínimos de calidad.

Cada vez que viajo, sea verano o invierno, soy testigo de como alguien le solicita al revisor que se cambie el aire acondicionado: que suban o que bajen la temperatura, que cambien la intensidad del flujo de aire, etc. El caso es que no deja satisfecho a nadie, y eso es algo que deberían de revisar. En este caso hay dos problemas, uno técnico y otro de política de empresa.

El problema técnico es fácil de entender. Los trenes de media distancia que operan en Galicia  están compuestos por tres coches independientes, cada uno de ellos con su propio splitter (máquina generadora de aire acondicionado). Incomprensiblemente, el regulador de la temperatura y flujo del aire es único para todo el tren y está situado en un punto que desconozco, pero al que sólo tienen acceso, lógicamente, el maquinista y el revisor. De esta forma, si el splitter de uno de los coches sobreenfría el aire, los pasajeros de ese coche pasarán frío, y viceversa, si lo subenfría, pasarán calor. Y si se quejan, la respuesta que recibirán del revisor es que se trata de un problema local que afecta sólo a ese coche y que en el resto del tren el aire "funciona bien". Ya no vamos a entrar en el problema que supone las salidas localizadas del aire acondicionado, que hacen que en determinados asientos viajes como si fuera en un túnel de viento de aquellos que se utilizan para diseñar los coches de fórmula 1. Súmenle a todo esto la imposibilidad de cambiarse de asiento y tendrán pasajeros descontentos.

Se hace difícil de comprender que un tren, cuyo coste asciende a más de 5 millones de euros cada unidad, tenga un diseño del aire acondicionado tan lamentable. Todos aquellos que alguna ven hemos viajado en AVE sabemos que es posible diseñar y poner en funcionamiento un sistema de aire acondicionado con regulación independiente para cada coche y en el que la salida del aire tenga unos difusores que lo hagan pasar inadvertido a los pasajeros.

Pero lo que me resulta más difícil de entender es el problema de la política de la empresa operadora de los ferrocarriles españoles a este respecto. O más bien de la falta de política. No existe una temperatura "oficial" a la que se deba establecer y que sea igual para todos los trenes. Ni siquiera hay una recomendación para los revisores a ese respecto. En cada tren de media distancia en el que viajes te encontrarás que la temperatura es distinta, y viene determinada por la que haya establecido el maquinista cuando encendió el tren, o que haya modificado el revisor a instancia de los pasajeros (cuando son muchos los que se quejan a veces les hacen caso). Te puedes encontrar casos de trenes que en invierno tienen el aire acondicionado enfriando, porque siguen la idea de que el aire acondicionado debe ajustarse a una temperatura lo más próxima a la del exterior, convirtiendo el tren en una nevera, o que en verano lo tienen calentando, convirtiendo el tren en un horno. Otros, sin embargo, optan por hacer caso a la idea de intentar invertir la sensación del exterior, haciendo que en verano tengas que viajar siempre con una chaqueta porque, cuando estás dentro del tren, pasas verdadero frío, o que en invierno viajas en manga de camisa y sudando.

Entiendo que el tema del aire acondicionado es algo que nunca va a poner a todos los pasajeros de acuerdo, pero la gestión que de él se hace en los trenes de media distancia dista mucho de ser siquiera aceptable.

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