jueves, 21 de junio de 2012

De números y asientos

Toda empresa tiene derecho a organizar, de la mejor forma que considere posible, el uso de sus instalaciones por parte de sus clientes. Pero cuando esta organización choca frontalmente con los intereses de sus clientes entonces deberían revisarla porque, de lo contrario, éstos buscarán un proveedor de servicios que se ajuste más a sus necesidades, es decir, que se irán a la competencia. Cuando la haya, claro está.

Hablando con usuarios del tren he comprobado que hay personas a las que les gusta viajar en un asiento de mesa porque les permite ir trabajando, leyendo o hablando con sus dos o tres amigos. Otras prefieren los asientos que no son de mesa, porque tienen más espacio para las piernas. La mayoría de los viajeros, especialmente la gente mayor, prefieren sentarse de frente al sentido de avance del tren pues, de lo contrario, se marean. Hay gente que gusta de viajar en asiento de pasillo, porque se pueden estirar más las piernas y, si quieren salir, no tienen que molestar a nadie. Otros prefieren ventana, que tiene mejores vistas, especialmente cuando llegas a las Rías Baixas. Como vemos, mil personas, mil gustos.

Diferentes personas, diferentes gustos. Hay quien duerme con la cabeza apoyada y quien no (aunque la chica, en este caso, vaya leyendo).

Yo, que soy una persona con sus gustos y manías, prefiero asiento de ventana para poder apoyar la cabeza cuando me apetece dormir y que no sea de mesa, para estirar las piernas lo máximo posible. En cuanto a las manías, me decanto por la de viajar de espaldas al sentido de avance del tren y, ya puestos, si no es en el coche de cabeza ni en el de cola, mucho mejor. En caso de colisión creo que son los asientos más seguros.

Como vemos, en esto de las preferencias no hay nada escrito y, por mucho que algunos se pongan, nunca lo habrá. Pues desde hace tres años la empresa operadora de los ferrocarriles españoles ha decidido faltarle al respeto a todos sus clientes imponiéndoles un sistema en el que no tienen capacidad de elección. Cada uno viaja en el asiento en el que le dice una maquinita. Sin redención.

Puedo entender que haya razones que les lleve a tomar esa decisión, pero a día de hoy todavía no he encontrado ni una sola persona en esa empresa que me sepa darlas. La única, y me parece tan peregrina que roza la ridiculez, que he escuchado alguna vez es que, de esa forma, se asegura la distribución homogénea de los viajeros en los tres coches del tren. Como si a la gente le gustase viajar apiñada y no se distribuyesen de forma natural sin que una máquina se lo tuviese que decir. Yo no recuerdo un sólo viaje en el que uno de los coches estuviese repleto de gente y el resto vacíos. Ni con máquina, ni sin máquina.

¿Iría usted a un cine en el que no le dejasen elegir el asiento, arriesgándose a que le asignen una plaza en primera fila, o completamente esquinada? Seguro que no.

Pero el problema que planteo tiene dos vertientes diferentes pero relacionadas entre sí. Por una parte la empresa operadora de los ferrocarriles españoles les quita a sus clientes la posibilidad de elegir las características del asiento en el que viajan y, por otra, los fija a sus asientos durante todo la duración de su viaje.

Muchas veces he viajado en un asiento de mesa, con las piernas encogidas hasta el dolor, viendo como los asientos que me mi resultan cómodos están vacíos. He visto como personas que aprovechan el viaje para trabajar no pueden hacerlo porque sus dos o tres personas en los asientos aledaños van hablando entre sí. Me he visto forzado a viajar en un asiento averiado, o simplemente manchado, sin posibilidad de cambiarme a otro que funcione correctamente. Y ya sé lo que se están preguntando: ¿Por qué no te cambias?. Pues en algunos casos algunos revisores no te lo permiten y en otros lo haces a fuerza de tener que cambiar de asiento en cada estación porque el que estás ocupando "ilegalmente" se lo han asignado a otro pasajero.

Si usted se va a la costa a disfrutar de una bonita puesta de sol, en la tranquilidad de la naturaleza, y de repente llega una grupo de "botelloneros" a montar su propia fiesta, ¿qué hace? Pues muy sencillo, buscar un sitio alejado del ruidosos. En el tren no es posible.

Y finalmente, un problema relacionado con ambas facetas de lo que comento. ¿Qué hacen los amigos que viajan juntos pero que acceden al tren en diferentes estaciones? Tienen dos posibilidades: mendigar un par de asientos que les permita ir juntos o fastidiarse y viajar con desconocidos.

martes, 19 de junio de 2012

El desconcierto de los andenes

Esto que les cuento me ha sucedido muchas veces en mi no muy dilatada experiencia ferroviaria. Vienes en el tren, ya casi en Vigo, y por megafonía interna anuncian la llegada. Con el tren todavía en marcha los pasajeros recogen su equipaje y se dirigen lentamente hacia las salidas. En cada espacio de salida hay dos puertas, una a cada lado del tren, y en medio te encuentas a un turista que busca alguna pista que le indique por cual de las dos se va a realizar el desembarco. Te mira con ojos de estar pensando que eres un pasajero habitual y comienza la conversación:

- Mire, perdone, ¿por que lado salimos?
- Lo siento, no lo sé.
- ¡Ah, disculpe! Pensaba que era un pasajero habitual.
- Y lo soy, pero no hay un lado establecido. Unos días salimos por un lado, otros por el otro.
- ¿Sí? ¿Pero no se sale todos los días por el mismo?

Lógico razonamiento del ignorante que sólo aplica el sentido común. Es cierto que en otras estaciones, como las de Santiago, Pontevedra o Vilagarcía la cosa no es tan acusada y casi todos los días el mismo tren llega y sale por la misma vía, pero no es algo programado con antelación. Si hay algún pasajero con minusvalía que tiene que acceder o descender del tren entonces se suele derivar el tren a la vía 1, que es la que cuenta con mejores servicios para ellos.

En la estación de Vigo no sucede así, y la vía de salida o de llegada del tren parece algo determinado por el azar. Yo me imagino al jefe de estación girando un bombo de bingo y sacando la bola con el número de vía en el que va a hacer llegar a ese tren que están entrando en la estación.

Y aunque esto pueda parecer banal en el fondo no lo es. Si uno viaja con asiduidad es posible que algún día llegue más justo de tiempo a la estación. Incluso te puede suceder que llegues con los segundos contados. Esos días es cuando echas de menos que el tren no esté en la vía de siempre y que tengas que dedicarle un instante a buscar en las pantallas cuál es la vía en la que está el tren que te corresponde. Esos instantes pueden hacer que te quedes en tierra.

En otros paises no más civilizados que este, pero seguro que más ordenados, uno puede saber la vía que le corresponde con sólo echar un vistazo al horario en la web. Y no sólo eso, sino que te lo dicen con una antelación de meses. Y además lo hace siempre de la misma vía. Si es que no hay como los hábitos establecidos para facilitar las programaciones. Y como muestra, un botón: en la web de la empresa ferroviaria holandesa se puede buscar una ruta, cualquiera, a varios meses vista. El resultado es parecido al que se muestra en la imagen (en la columna llamada Track aparece la vía, e incluso el sector):


Igual lo que digo es muy complicado de llevar a cabo, pero para un ignorante no lo parece.

lunes, 18 de junio de 2012

Avisos de los cambios de horarios

Cuando una persona regenta un comercio lo más importante son los clientes. Si no hay clientes, no hay negocio. Si los clientes no saben el horario de apertura al público deberá de anunciarse para que lo conozcan. Lo que queda claro es que un cliente que llegue cuando el comercio está cerrado no es una venta sino, más bien al contrario, un cliente para la competencia.

En el caso del tren español no sucede lo mismo. Si los horarios cambian, será el cliente el que tenga que ingeniárselas para saber que hubo cambios. Si, por efecto de esos cambios, el tren adelanta su salida en unos minutos respecto al horario antiguo, el usuario deberá estar alerta. Si no lo está es posible que aprenda con el palo de perder el tren que necesita coger para llegar a su destino. A diferencia de lo que sucede en el comercio en general, si un cliente llega cuando el local está cerrado esperará a que a éste abra. Es lo que tiene la falta de competencia.

Digo todo esto a colación de los cambios de horarios de los trenes que se produjeron este pasado fin de semana en Galicia. La semana pasada fui todos los días a la estación de tren, tanto la de Vigo como la de Santiago, y no recuerdo haber visto ni un sólo letrero de aviso del cambio. Tampoco recuerdo haberlos visto en el interior del tren. Y mucho menos tampoco recuerdo que ningún revisor, ni cualquier otro personal de la empresa operadora de los ferrocarriles españoles ni de la empresa operadora de las infraestructuras ferroviarias españolas, me hubiese adevertido de los cambios.

No se trata de pedir grandes inversiones en publicidad para avisar de los cambios. Al fin y al cabo los únicos afectados son los usuarios habituales, porque los esporádicos no conocen el horario y lo consultan antes de viajar. Se trata de eso, de avisar de alguna manera a los usuarios habituales y para ello el desembolso es bien pequeño. Hagamos las cuentas a grosso modo.

Avisos en las estaciones
Pongamos que en cada estación se colocan 20 letreros en blanco y negro, 10 tamaño A3 y 10 tamaño A4. Tenemos seis estaciones principales afectadas (Coruña, Santiago, Vilagarcía, Pontevedra, Vigo e Ourense):
  • 60 fotocopias en blanco y negro, tamaño A4, a 5 céntimos cada una: 3 euros
  • 60 fotocopias en blanco y negro, tamaño A3, a 15 céntimos cada una: 9 euros
Avisos en los trenes
No conozco la flota de la empresa en Galicia, pero pongamos que tiene 20 trenes, cada uno con tres puertas por lado. Nos salen un total de 120 puertas. Supongamos que se adhiere un letrero en tamaño A4 en blanco y negro en cada puerta:
  • 120 fotocopias en blanco y negro tamaño A4, a 5 céntimos cada una: 6 euros
Gastos totales
Pues si sumamos las cifras nos queda un total de 18 euros de desembolso. Cierto que no estoy calculando el precio de adherir los letreros, de pagarle al personal que los elabora, etc., pero creo que no es una cantidad que se pueda considerar exagerada para avisar a tus usuarios habituales que desde cierto día los horarios cambian y que se recomienda pasar por ventanilla para consultar los nuevos.

Y digo todo esto teniendo en cuenta que la empresa operadora de los ferrocarriles españoles ha dejado de poner a disposición del público trípticos y otros folletos que desglosan los trenes y horarios de cada línea.

Declaración de intenciones

En primer lugar quiero expresar mi más absoluto desconocimiento en la gestión de empresas, y mucho menos en las de transporte ferroviario de pasajeros, lo que me equipara a los actuales y los pasados recientes gestores de la principal empresa pública ferroviaria española. A diferencia de ellos yo sí soy un usuario habitual de este sistema de transporte (recorro dos veces al día un tramo de unos 100 km), lo que me habilita para dar mis opiniones siempre fundamentadas en el sentido común que, vistas como están las cosas en este país, es el menos común de los sentidos.

Desde el año 2003 viajo diariamente desde Vigo, ciudad en la que resido, a Santiago, ciudad en la que trabajo. Cuando hablo con familiares, amigos, conocidos y desconocidos sobre mi situación la conversación siempre deriva hacia el siguiente diálogo:

- ¿Vives en Vigo y trabajas en Santiago? ¿Vas en coche?
- No, voy en tren.
- ¡Ah, genial! Porque así puedes ir trabajando mientras viajas y además el tren ahora está muy bien, no como antes que era una carraca.
- No lo sabes tú bien...

Este blog será un espacio en el que compartir mis "aventuras" (más bien desventuras), mis anécdotas (pasado el tiempo muchas de ellas me dan cierta risa de pena) y mis críticas a los gestores de esa empresa pública en la que los gobernantes de este país han depositado su confianza y que, paso a paso, están llevando a convertirla en una verdadera vergüenza nacional.