Toda empresa tiene derecho a organizar, de la mejor forma que considere posible, el uso de sus instalaciones por parte de sus clientes. Pero cuando esta organización choca frontalmente con los intereses de sus clientes entonces deberían revisarla porque, de lo contrario, éstos buscarán un proveedor de servicios que se ajuste más a sus necesidades, es decir, que se irán a la competencia. Cuando la haya, claro está.
Hablando con usuarios del tren he comprobado que hay personas a las que les gusta viajar en un asiento de mesa porque les permite ir trabajando, leyendo o hablando con sus dos o tres amigos. Otras prefieren los asientos que no son de mesa, porque tienen más espacio para las piernas. La mayoría de los viajeros, especialmente la gente mayor, prefieren sentarse de frente al sentido de avance del tren pues, de lo contrario, se marean. Hay gente que gusta de viajar en asiento de pasillo, porque se pueden estirar más las piernas y, si quieren salir, no tienen que molestar a nadie. Otros prefieren ventana, que tiene mejores vistas, especialmente cuando llegas a las Rías Baixas. Como vemos, mil personas, mil gustos.
Diferentes personas, diferentes gustos. Hay quien duerme con la cabeza apoyada y quien no (aunque la chica, en este caso, vaya leyendo).
Yo, que soy una persona con sus gustos y manías, prefiero asiento de ventana para poder apoyar la cabeza cuando me apetece dormir y que no sea de mesa, para estirar las piernas lo máximo posible. En cuanto a las manías, me decanto por la de viajar de espaldas al sentido de avance del tren y, ya puestos, si no es en el coche de cabeza ni en el de cola, mucho mejor. En caso de colisión creo que son los asientos más seguros.
Como vemos, en esto de las preferencias no hay nada escrito y, por mucho que algunos se pongan, nunca lo habrá. Pues desde hace tres años la empresa operadora de los ferrocarriles españoles ha decidido faltarle al respeto a todos sus clientes imponiéndoles un sistema en el que no tienen capacidad de elección. Cada uno viaja en el asiento en el que le dice una maquinita. Sin redención.
Puedo entender que haya razones que les lleve a tomar esa decisión, pero a día de hoy todavía no he encontrado ni una sola persona en esa empresa que me sepa darlas. La única, y me parece tan peregrina que roza la ridiculez, que he escuchado alguna vez es que, de esa forma, se asegura la distribución homogénea de los viajeros en los tres coches del tren. Como si a la gente le gustase viajar apiñada y no se distribuyesen de forma natural sin que una máquina se lo tuviese que decir. Yo no recuerdo un sólo viaje en el que uno de los coches estuviese repleto de gente y el resto vacíos. Ni con máquina, ni sin máquina.
¿Iría usted a un cine en el que no le dejasen elegir el asiento, arriesgándose a que le asignen una plaza en primera fila, o completamente esquinada? Seguro que no.
Pero el problema que planteo tiene dos vertientes diferentes pero relacionadas entre sí. Por una parte la empresa operadora de los ferrocarriles españoles les quita a sus clientes la posibilidad de elegir las características del asiento en el que viajan y, por otra, los fija a sus asientos durante todo la duración de su viaje.
Muchas veces he viajado en un asiento de mesa, con las piernas encogidas hasta el dolor, viendo como los asientos que me mi resultan cómodos están vacíos. He visto como personas que aprovechan el viaje para trabajar no pueden hacerlo porque sus dos o tres personas en los asientos aledaños van hablando entre sí. Me he visto forzado a viajar en un asiento averiado, o simplemente manchado, sin posibilidad de cambiarme a otro que funcione correctamente. Y ya sé lo que se están preguntando: ¿Por qué no te cambias?. Pues en algunos casos algunos revisores no te lo permiten y en otros lo haces a fuerza de tener que cambiar de asiento en cada estación porque el que estás ocupando "ilegalmente" se lo han asignado a otro pasajero.
Si usted se va a la costa a disfrutar de una bonita puesta de sol, en la tranquilidad de la naturaleza, y de repente llega una grupo de "botelloneros" a montar su propia fiesta, ¿qué hace? Pues muy sencillo, buscar un sitio alejado del ruidosos. En el tren no es posible.
Y finalmente, un problema relacionado con ambas facetas de lo que comento. ¿Qué hacen los amigos que viajan juntos pero que acceden al tren en diferentes estaciones? Tienen dos posibilidades: mendigar un par de asientos que les permita ir juntos o fastidiarse y viajar con desconocidos.

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